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Asociación de familias por la convivencia

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Cartas

La escuela más dura del mundo

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Los padres trabajan en la escuela más dura del mundo: la escuela de  crear personas. Como padre/madre usted es el consejo escolar, el  director, el profesor, el conserje? Se espera que sea usted experto en  todas asignaturas de la vida. Existen pocas universidades que le  enseñen su trabajo, y por lo general no hay acuerdo entre los  diferentes currículum que se siguen; lo mejor, es que lo fabrique  usted mismo. Su escuela no cierra en vacaciones, no hay días de  permiso, ni festivos, no hay promociones internas, ni siquiera un  salario mínimo. Está de servicio o al menos con un teléfono de  contacto 24 horas al día durante 365 días al año por cada uno de los  hijos que tiene menores de 18 años. Además de esto, se tiene que  manejar con una administración en la que suele haber dos líderes, con  sus trampas y desacuerdos. Dentro de este contexto usted debe llevar a  cabo correctamente su trabajo de crear personas. Estoy convencida de  que ésta es la tarea más dura, complicada y estresante, y que más  sufrimiento genera del mundo?.
 
 
 
Virginia Satir

 

Compartir experiencias

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Estoy tranquilo y agradecido por pertenecer a una asociación (AFASC) en la que cada persona habla por si

misma y no hay ninguna persona ni autoridad que diga cual ha sido “nuestra” experiencia.

Solo yo puedo contar mi propia historia y así cada uno de nosotros.

Me siento cómodo por formar parte de un grupo de personas que comparten algunos de mis problemas y

sentimientos y  cada uno puede aportar su sabiduría personal. Al compartir experiencias, fortaleza y

esperanza aprendo formas a través de las que otros han ido haciendo su camino y aportando sus propias soluciones.

Tomando lo que nos agrada o convenga y desechando el resto cada uno tiene oportunidad de conocer y en su caso

aplicar a su propia vida familiar.

Y puedo hablar y reflexionar por mí mismo con la seguridad de que los otros padres que me escuchan comprendan

como quizás muy pocas personas puedan.

                                                                                                                                                                  Abel


 

Historia de una madre

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Les voy a acercar a la historia de una madre que conozco bastante bien.

Tenía a su hija, era lo más importante de su vida y de repente cuando llegó la adolescencia empezó a comportarse como “la niña del exorcista”. ¿Cómo es posible que eso sucediera? ¿Cómo es posible que eso le pasara a ella y a su hija?. Movió Roma con Santiago y sin poderlo evitar ambas se rompieron en su dolor y en la ruptura de su convivencia. No lo sabía casi nadie, no lo había hablado, pero aquello era real, estaba pasando.

Y fue cuando se encontró con otros padres y madres, que estaban tan rotos como ella, que tenían sentimientos de amor y odio por haber vivido las mismas experiencias, que podía hablar con ellos, que podía contar con ellos y lo más importante que a pesar de todo querían a sus hijos,  como ella,  y que soñaban aunque nunca lo hubieran hablado, como ella, que algún día aunque fuera lejano la situación fuera tan diferente que pensaran que ese pasado que les había unido había sido un sueño de una mala noche.

Y ahí seguía con los otros papas en la barca de la asociación, Afasc,  navegando e intentando evitar el naufragio de la familia,  aunque aquello no tuviera explicación e implicara sentimientos de amor y odio, les importaba, sobre todo y por encima de todo, sus hijos.

Chon

 

Carta: José y Toñi

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Somos una familia que hemos pasado por momentos muy malos, momentos en los que nos hemos sentido muy solos y desamparados.

A veces no hemos comprendido el porque nos pasa a nosotros, somos una familia normal. Creíamos que esto les podía pasar a otras familias, pero no a nosotros.  Sin embargo nos pasó.

Nos autoanalizamos, buscamos los errores que habíamos podido cometer en la educación de nuestra hija, otras veces culpamos al entorno, la sociedad, el grupo de amigos, etc.

Los padres, estamos preparados para dar cariño, educación y protección a nuestros hijos y no estamos preparados para vivir cierto tipo de situaciones difíciles e injustas.

Cuando conocimos a otras familias,  sentimos por primera vez que no estábamos solos y que nuestra situación la vivían otros padres.  

Cada uno de nosotros, en la asociación (AFASC), que sin tener una situación igual pero si parecida en su fondo, nos hemos sentido solos, hemos dado bandazos de unos sitios a otros, hemos aprendido muchas cosas, cosas que nos gustaría compartir con familias que tengan nuestro mismo problema, con el fin de poner a su disposición nuestras experiencias personales y nuestra experiencia con profesionales válidos que ha nosotros nos han ayudado, nos han orientado y nos han servido de ayuda.

Nosotros hemos tenido la suerte de conocernos y nos hemos unido con la ilusión y la esperanza de ayudarnos y ayudar a otras familias.

Ya es hora de que nos unamos todos, que no nos de vergüenza. Somos muchos padres los que vivimos este tipo de situaciones con nuestros hijos. Que empecemos a luchar para nosotros mismos y para nuestros hijos. Muchas veces se nos culpa a los padres de ciertas aptitudes de nuestros hijos, también nosotros como padres podemos denunciar las carencias que vemos en la sociedad, muchas de la cuales hacen que nuestros hijos sean más difíciles, porque no nos engañemos esta sociedad mira para otro lado cuando ve un problema y ya es hora de que se nos ayude.

 

Firmado  José yToñi 

 




Newsflash

De centro de menores a familia integradora

De centro de menores a familia integradora

  • La institución presta una atención integral a las necesidades físicas, psicológicas, sociales y familiares que tienen los chicos

  • El espacio de acogida San Juan Bautista protege a 40 niños que se encuentran en una situación de desamparo

    Fuente: HOY.es TANIA AGÚNDEZ | BADAJOZ.

    Les matriculan en sus colegios, les ayudan a hacer los deberes, les escuchan y asesoran en sus problemas, les acompañan a hacer compras o les atienden cuando están enfermos. Los cuidadores del centro de menores San Juan Bautista se preocupan por los usuarios como si fueran sus propios hijos. A los niños que permanecen en este espacio no les falta nada. Tienen alojamiento, comida y ropa, pero también cariño y afecto. Conforman una gran familia que trabaja día a día para normalizar la vida de sus miembros e integrarlos en la sociedad.
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